Octubre 2025. A 1.650 metros de altura, mientras las grandes ciudades replicaban el Oktoberfest con carpas masivas y litros de cerveza industrial, algo muy distinto ocurría en Hotel Termas Chillán. El hotel transformó cada sábado del mes en un ciclo de degustación íntimo, donde los cupos limitados eran tan cruciales como la selección de cervecerías invitadas.
Este no fue un evento más de «fiesta de la cerveza». Fue un ciclo curado para quienes entienden que una gran cerveza artesanal no se toma, se degusta. Requiere el contexto preciso: el aire fresco de la montaña, el maridaje correcto (en este caso, charcutería artesanal de Las Cabras) y, sobre todo, tiempo para catar sin apuros.
Cuatro sábados, cuatro cervecerías chilenas de primer nivel, y un formato consistente que comenzaba a las 18:30 hrs. ¿Qué hizo que este Oktoberfest de montaña se diferenciara de las propuestas urbanas? La respuesta está en la cuidadosa planificación de cada detalle.
La ubicación no fue un simple telón de fondo; fue la protagonista. Celebrar un Oktoberfest a 1.650 metros de altura redefine la experiencia. Lejos del ruido y las aglomeraciones de los festivales urbanos, el Hotel Termas Chillán propuso un formato de cupos limitados con reserva previa, asegurando una atmósfera controlada y premium.
La intención era clara: «celebrar la cerveza artesanal, la gastronomía local y la buena música» en un entorno que invita a la calma. El aire puro de montaña post-trekking, o simplemente el relajo del atardecer cordillerano, creaba la temperatura y el ambiente ideales para apreciar los matices de una buena cerveza. Esta es una de las experiencias que definen la propuesta del hotel.
El éxito del ciclo se basó en un trío perfectamente equilibrado que se mantuvo constante durante las cuatro fechas.
El primer pilar fue la consistencia gastronómica, a cargo de la Charcutería Las Cabras. Sus productos artesanales, reconocidos en la región, ofrecen el contrapunto salado y graso ideal para limpiar el paladar entre lúpulos y maltas, realzando la degustación.
El segundo pilar fue, por supuesto, la cervecería invitada, que rotaba cada semana. El tercero, la música en vivo, que creaba la atmósfera precisa para un atardecer en la cordillera. Este trío se mantuvo firme, permitiendo que la cerveza fuera la estrella variable de cada jornada.
La curatoría de las cervecerías fue un viaje en sí mismo, moviéndose desde la capital hasta productores hiperlocales.
El ciclo arrancó el sábado 4 de octubre con Tamango, una de las cervecerías más reconocidas y disruptivas de Santiago. Famosos por sus IPAs frescas y de alta calidad, fueron los encargados de establecer el estándar de calidad para el resto del mes. La comunicación fue directa: «degustación de Tamango, acompañada de música y charcutería artesanal». Fue el debut perfecto para un evento de este calibre.
El 11 de octubre, el evento conectó directamente con el territorio. Cerveza Prócer, una galardonada cervecería originaria de Chillán, jugó de local. Traer una marca de la Región de Ñuble, premiada y respetada, no fue casualidad; reforzó la identidad del evento y su compromiso con la calidad regional. El hotel demostró ser un puente entre los visitantes y los productores locales de alta gama, en un «ambiente pensado para disfrutar en la montaña»
El ecuador del ciclo, el 18 de octubre, lo marcó Cerveza Kross. Siendo una de las marcas artesanales más premiadas y con mayor presencia en Chile, su participación elevó la apuesta. El eslogan de la fecha, «buena música, charcutería artesanal y un ambiente perfecto para compartir con amigos y familia», subrayó el tono social de la jornada. Fue el momento que unió el reconocimiento masivo con la exclusividad de la montaña.
El cierre, el 25 de octubre, trajo una sorpresa que demostró la agilidad del hotel. Anunciada originalmente Cervecería Roble Viejo, un cambio logístico de última hora confirmó a Cervecería Shangrilá.
¿El resultado? Un acierto total. Shangrilá es un productor hiperlocal del Valle Las Trancas, en Pinto; elaboran su cerveza literalmente a los pies del hotel, en el mismo ecosistema geográfico. Fue el broche de oro más coherente: un ciclo que partió en la capital nacional y terminó celebrando al vecino más cercano.
Este Oktoberfest de montaña funciona mejor que las carpas masivas por varias razones claras, alineadas con lo que buscan los consumidores de experiencias premium:
En un mundo de eventos genéricos, la personalización y la atención al detalle ganan.
El Oktoberfest en Hotel Termas Chillán 2024 demostró algo simple: no se necesita una carpa para 5.000 personas para celebrar la cultura cervecera. A veces, solo se necesita el escenario correcto, la curatoría precisa y un enfoque en la «degustación con propósito».
El viaje desde Tamango hasta Shangrilá, siempre acompañado por Las Cabras, no fue aleatorio. Los detalles, como el inicio puntual a las 18:30 hrs y los cupos limitados, son la diferencia entre asistir a un evento y vivir una experiencia.
El hotel ha marcado un precedente para quienes buscan propuestas gastronómicas auténticas en entornos únicos. La pregunta ahora es: ¿nos vemos en Oktoberfest 2026?